ENSAYO
América latina uno de
los continentes jóvenes a través de su historia, ha sido marcada durante su
itinerario de vida por las huellas del evangelio, trayendo consigo la presencia
de muchos evangelizadores del reino que de cierta manera arraigaron semillas de
esperanza manifestadas en la persona de cristo. Una de las grandes santas de
américa que dejo una huella imborrable es santa rosa de lima, flor de la
santidad en el nuevo mundo.
La iglesia a través del acontecer diario, ha invitado al
pueblo americano desde sus inicios al encuentro personal con Jesucristo vivo,
encuentro que a través del tiempo ha suscitado la tarea de seguir evangelizando
y anunciando la persona de cristo, en la américa de hoy. Tal relación de
experiencia con el señor, se logra a través de distintos lugares de encuentro
como lo es la sagrada escritura, la liturgia y también en las personas; América
latina vive una situación de pecado pero
a su vez, una insistente búsqueda de la verdad, verdad que se concretiza en la
persona de Jesús.
Jesucristo ha invitado
a la humanidad a vivir la vocación universal de la santidad, misión que
interpela al hombre americano, santidad que en ocasiones suele verse muy lejos
o muy distante de alcanzar, de allí, que en américa se vive una realidad de
manifestaciones de fe desde la piedad popular; como las procesiones, las
novenas, devociones entre otros. El encuentro con Jesucristo debe llevar al
hombre americano a manifestar su fe en todos los campos de la sociedad como lo es la educación dando mayor importancia
a este ambiente ya que teniendo unas bases sólidas de fe se puede
evangelizar a otros ámbitos, como en el
campo social, en la realidad de los derechos humanos, los cuales se ven violentados, por ende se ha de acrecentar frente a estos el
respeto y el cumplimiento. El fenómeno de la globalización, la creciente
urbanización, la corrupción son temas de
mayor preocupación para la iglesia ya que sin una debida formación catequética
se puede caer en la degradación del
hombre.
La iglesia llama a la conversión, transformación de conducta,
de actuar de pensamiento frente a la realidad misma donde el hombre se
desarrolla y se realiza; una conversión la cual debe ser permanente, pero no
desde las fuerzas humanas si no guiados e impulsados por el espíritu santo, que otorga y da un nuevo
estilo de vida, estilo en Jesucristo que es el único camino para la santidad, no descuidando el
sacramento de la penitencia que reconcilia al hombre con el señor.
El pueblo americano
debe ir haciendo camino, un camino que lo conduzca hacia el bien común y al
bien universal, desde una perspectiva cristiana, tal camino se manifiesta en la
iglesia que es el sendero que lleva a la comunión; es en esta en donde se
empieza una iniciación cristiana desde el bautismo siendo participes de la
comunión con cristo, comunión que se centraliza en el sacramento de la
eucaristía junto con los demás hermanos y con Dios mismo.
Los obispos sacerdotes,
diáconos religiosos, laicos comprometidos y todo el pueblo de Dios deben
promover la comunión en medio de los desafíos, que presenta la realidad
americana, como es el caso de las familias, de los jóvenes, y de los niños que
adaptados a una cultura que ofrece cambios en la personalidad de los mismos,
separándolos de las normas cristianas y deberes de estas. La iglesia promueve
en los jóvenes un dinamismo enriquecedor de encuentro con el señor, ya que
estos son la esperanza del futuro; la comunión no solo ha de vivirse desde el
ámbito personal de ser cristianos si no, se ha de estar en comunión con el resto
de la humanidad sin importar credo raza o sexo, dando como fruto la solidaridad, en donde se ha de
estar en comunión con la doctrina de la iglesia.
Así pues américa debe
asumir la nueva evangelización como tarea dada por Jesucristo la cual es enviada a proclamar la buena nueva; tal encuentro me
permite catequizar y evangelizar la cultura, en donde el hombre se ve
supeditado a ignorar en algunos casos, sus primeras fuentes de cristiandad. El
nuevo mundo debe volver a sus principios cristianos, en donde la iglesia
enviada por Jesucristo marcó las primeras comunidades colonizadas y a su vez
evangelizadas, creando un ambiente de mayor piedad y amor por la iglesia y por
su tarea catequética de ir y proclamar la buena nueva para hacer del hombre
americano, un hombre al estilo de Jesucristo que busca constantemente su
realización personal y su encuentro con el señor que llama, invita, convoca e
incorpora al hombre y a su iglesia desde una experiencia de fe enraizada en el
amor al prójimo y en la búsqueda de la vocación universal, a la santidad.















